Me embalo cual bala,
escalo esta cala,
me encaro a la cara,
me lavo heridas que se difuminan en nada.
Comparo lo malo de esta vida,
podría comprar un billete de solo ida,
pero lo compro de huida,
a la vez que grabo a fuego en mi retina.
La rutina me esquiva.
Mientras escribo y te ablando solo por un día,
y es cuando prefiero recitar a capella
que cantar bajo tristes melodías.
Soy de los que antes cometen excesos
a mendigar un mísero beso.
Me inspiro contigo,
acepto el castigo que me impones sin juicios ni testigos,
por un vicio sin sentido.
Me inyecto veneno en forma de humo y cubatas,
mientras me doy la lata cada vez que meto la pata.
Hago planes que yo mismo elaboro,
y vuelvo a aprender cómo realizarlos solo.
Un lugar al azar,
un altar al que escalar,
un capricho para el paladar
y la dignidad por bandera
en este enorme laberinto de ideas.
Y pensé que ya había gastado mis mejores versos y entonces te conocí,
y me volví un poseso en el arte de escribir.
Y qué me vas a contar a mí,
si me hipoteco solo por hacerte sonreír...
Y qué me vas a contar a mí,
si llevo media vida preparándome para hacerte feliz...
Y es que sé que valgo cuando te tengo cerca,
porque cada vez que caigo
y aunque la vida se tuerza,
esta voluntad hace que me levante con más fuerza.
VERSIÓN ACÚSTICA
- MARIANO J. - (16)

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